La recristianización de los suburbios
La penitencia ‘necesaria’ de las gentes de Entrevías
Tras la guerra, el paisaje creado por la destrucción en la periferia de Madrid se mantendría durante más de una década. La profesora Adoración Martínez Aranda recoge en su tesis, dedicada a las políticas de control de la dictadura en los suburbios,1 esta descripción del estado de la ciudad, extraída del Informe sobre la moralidad pública en España del año 1942, que publicó el Patronato de Protección a la Mujer:
«Por los cuatro puntos cardinales, Madrid está circundado de míseras casuchas (…) Allí viven hombres, mujeres y niños en confusa mezcolanza. En los puntos más castigados por la guerra, estas gentes se hacinan entre las ruinas de los antiguos edificios, durmiendo en promiscuidad y contagiándose a la vez las lacras físicas y morales.»
En su estudio, Martínez Aranda señala cómo ante esta imagen de los suburbios, la dictadura de Franco impulsó «acciones de recristianización en estas zonas, con el objetivo de ‘reconducir’ las conductas (…) hacia los principios y valores defendidos por el modelo nacionalcatólico». Explica la investigadora, que «el Régimen necesitaba imponerse (…), para lo que se serviría de la acción de la Iglesia católica que intentaba penetrar las conciencias y conductas de toda la población, especialmente de aquellos sectores que se habían mantenido más alejados de ella.»
En el caso de Entrevías, la labor de recristianización correspondió principalmente a los miembros de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, encabezados por el padre Gabriel Tous, que impulsó la reconstrucción de la capilla de San Carlos Borromeo. La explicación que entonces se daba en El Heraldo de Cristo de cómo había sido destruída no coincidía mucho con la realidad: «El benemérito señor conde de Rodríguez San Pedro, años antes de nuestra guerra de liberación había construido en aquella barriada una bonita iglesia y magníficas escuelas. La guerra, el odio y la incomprensión roja destruyeron y asolaron unas y otras»2.
A pesar de la presión ejercida por el Régimen, Martínez Aranda revela cómo la dictadura era consciente de que su estrategia no era del todo acertada, pues «persistían grandes masas de obreros» que se resistían a claudicar:
«Las masas sectarias permanecen en apariencia tranquilas, pero se muestran frías y desdeñosas ante todo intento de aproximación por el sacerdote o quienes con éste colaboran. No pueden oponerse abiertamente a la recristianización del suburbio, pero procura apartar a sus hijos de la iglesia y de la escuela católica y crear a su alrededor un ambiente de escepticismo y animadversión al estado de cosas existentes».
Franco no olvidó el apoyo que mantuvo la República hasta el final de la guerra desde algunas de las poblaciones suburbiales, como Vallecas, quedando marcadas como zonas “rojas”. Hacia ellas dirigió su labor de depuración y recristianización. Para la profesora Martínez Aranda el Régimen mantuvo «una actitud de castigo hacia estas capas de población –la penitencia era necesaria y conveniente».
1 MARTÍNEZ ARANDA, A.. De migraciones y chabolas: políticas de control y resistencias cotidianas en los suburbios madrileños durante la Dictadura franquista. Experiencias de vecinas en Vallecas, Madrid, 2020.
2 Recogido por ALARCÓN LÓPEZ, S. Historia de la parroquia de San Diego. Madrid, 1995.
Imágenes procedentes del fondo fotográfico de Martín Santos Yubero, conservadas en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Pertenecen a dos reportajes distintos, realizados en enero y octubre de 1941, y están archivadas como «Recristianización de los suburbios (barrio de Entrevías). Interiores de viviendas pobres. Niños besando la mano al sacerdote» (14 fotos) y «Labor de apostolado en el barrio de Entrevías» (8 fotos).