El descubrimiento de Peironcely 10

Las huellas de la metralla

Además de Robert Capa y de Albero y Segovia, hubo otros dos reporteros gráficos españoles que retrataron la devastación causada por los bombardeos áereos en las calles aledañas a esta estación. Son los autores de la colección de negativos conocida como Crónicas de retaguardia, propiedad del también fotógrafo José Latova. Cerca de 900 imágenes, tomadas en Madrid y su entorno –Alcalá de Henares, El Escorial, Torrelodones y Manzanares el Real–, que recogen la vida cotidiana y la destrucción durante la Guerra Civil.

Las fotografías fueron adquiridas por Latova, en 1985, a un viejo arquitecto que las había encontrado en una buhardilla. Su ojo de experto fotógrafo y amante de la historia permitieron a Latova identificar rápidamente el valor de aquel material. Tras analizar las imágenes, llegó a la conclusión de que fueron hechas por dos fotógrafos de la Brigada de Información Gráfica del Sindicato de Fotógrafos de la Unión General de Trabajadores –UGT–.

Desde el año 2004, un grupo de investigadores compuesto por los historiadores Raúl Domingo y Carmen Dalmau, los fotógrafos Ciuco Gutiérrez y Alberto Martín Escudero, y el mismo José Latova, se dedicaron a analizar y estudiar las imágenes. Gracias esta investigación lograron identificar un gran número de lugares y personajes que aparecen en las fotografías: «Desde el inicio de la documentación de este archivo nos planteamos que no deseábamos que las imágenes tan sólo ilustrasen la historia, sino escuchar su propia voz y es así como el camino seguido nos llevó desde lo que nos contaban las imágenes hasta quiénes fueron sus autores, aún hoy anónimos», afirmaban Latova, Dalmau y Domingo, en 2008, con motivo de una exposición de las citadas imágenes1.

IDENTIFICADO UNO DE LOS AUTORES

A mediados de 2018, el investigador Juan Cobián encontró un documento que permitió identificar a uno de los fotógrafos hasta entonces anónimos. En el archivo de la Secretaría de Propaganda, Sección Fotográfica, de la Junta Delegada de Defensa de Madrid, Cobián halló la ficha de Antonio Gavilán Graña, en la que pudo reconocer el físico de uno de los fotógrafos que aparecen en las imágenes de la colección de Latova2.

Gavilán Graña que, en aquel momento era presidente del sindicato de fotógrafos de la UGT y miembro de la Agrupación Socialista de Madrid, había trabajado para los principales medios de comunicación de la época, como La Voz, Abc, Blanco y Negro, Estampa, Ahora o La Unión Ilustrada.

EL NÚMERO 10 DE LA CALLE PEIRONCELY

Del casi millar de imágenes que componen la colección Crónicas de retaguardia, el equipo de Latova logró determinar que 23 de ellas fueron tomadas en Vallecas, en el barrio de Entrevías.

Asimismo, como demuestran las imágenes inferiores, Latova descubrió que Robert Capa captó la fotografía de los niños, que se publicó en Regards y fue portada de Zürcher Illustriertre, ante el mismo edificio destrozado que inmortalizó Gavilán Graña en Crónicas de retaguardia. Y Alberto Martín Escudero localizó e identificó que ambas imágenes habían sido tomadas ante el número 10 de la calle de Peironcely. Descubrimiento que, en 2017, dio origen a la Plataforma #SalvaPerioncley10, promovida por la Fundación Manuel Fernández “Lito” y compuesta por más de 20 entidades de Estados Unidos, Francia, Alemania, Portugal y España, con el fin de lograr la protección del edificio como parte del patrimonio histórico español y el realojo de sus antiguos inquilinos en condiciones dignas. La Plataforma #SalvaPeironcely10 ha propuesto que, en el futuro, el edificio sea la sede del Centro Robert Capa para la interpretación del bombardeo aéreo de Madrid.

Fotografía de la colección Crónicas de Retaguardia.

Fotografía de Robert Capa.

IMÁGENES COINCIDENTES

José Latova analizó exhaustivamente las imágenes de Crónicas de retaguardia para poder localizar dónde fueron tomadas. Comparó las fotografías de su propiedad con las que Robert Capa captó en Vallecas y halló algo sorprendente: la imagen de los niños que el fotorreportero húngaro publicó en Regards y en la portada de Zürcher Illustriertre se hizo ante uno de los edificos que aparece entre sus negativos. El siguiente montaje realizado con ambas fotografías evidencia la plena coincidencia de ambos escenarios.

Archivo Guerra Civil
Biblioteca Nacional de España
Signatura GC, carpeta 78, sobre 5

OTRA IMAGEN DE PEIRONCELY 10

En el Archivo Guerra Civil de la Biblioteca Nacional de España, se conserva esta otra imagen del edificio de Peironcely 10. Muy similar a la perteneciente a Crónicas de retaguardia, en su reverso lleva el sello de «Foto Mayo» y está fechada en el primer día de febrero de 1937.

LAS EVIDENCIAS DE QUE ROBERT CAPA ESTUVO AQUÍ

En la fachada de Peironcely 10, aún se aprecian las marcas que la metralla le dejó durante los bombardeos de otoño de 1936. Como se observa en las imágenes de más abajo, la comparación entre los impactos que muestran las fotografías del pasado y los que permanecen en edificio actual demuestran que es este el lugar ante el que Robert Capa tomó su famosa fotografía. En la actualidad, algunas de las marcas de la metralla fueron tapadas con yeso blanco por el antiguo propietario del inmueble, en un intento de borrar la historia y, quizá, de restarle valor.

Cómo llegar hasta el lugar en el que estuvo Robert Capa

1

Hueco dejado por la metralla rellenado con cemento.

2

Agujeros de metralla conservados en la fachada actual de la casa.

3

Agujeros de metralla conservados en la fachada actual de la casa.

La memoria que resiste

Manuel Martínez Lázaro
Presidente de la Asociación de vecinos de La Viña

Entre las calles humildes de Entrevías se levanta una fachada herida, pero viva: Peironcely 10. Sus muros, marcados por la guerra, son testigos del sufrimiento y la esperanza de un pueblo que nunca dejó de soñar con la paz.

Aquí, en 1936, Robert Capa captó una de las imágenes más conmovedoras del siglo XX: unos niños jugando frente a una casa bombardeada. Aquella fotografía dio la vuelta al mundo y convirtió este lugar en un símbolo universal del impacto de la guerra sobre la población civil, y de la dignidad de quienes, aun entre las ruinas, siguieron aferrados a la vida.

La declaración de Peironcely 10 como Lugar de Memoria Democrática no habría sido posible sin la ingente labor de investigación, recopilación y difusión llevada a cabo por la Fundación Manuel Fernández Lito (Anastasio de Gracia), que ha mantenido viva la historia de este espacio y ha impulsado su reconocimiento público. Junto a ella, numerosas entidades, asociaciones y personas han sumado esfuerzos y convicciones para hacer realidad este logro colectivo.

Entre ellas, destaca el compromiso generoso de Javier Baeza, párroco de la Iglesia de San Carlos Borromeo, cuya implicación y sensibilidad han sido faro y guía en este camino; y el apoyo constante de las asociaciones vecinales, que han defendido con firmeza la memoria de sus barrios como parte esencial de la memoria de todos.

Hoy, Peironcely 10 se reconoce oficialmente como un Lugar de Memoria Democrática, pero su verdadera fuerza radica en ser un espacio de memoria viva y compartida. Un lugar que no pertenece a ninguna institución, sino a la ciudadanía; un patrimonio moral y emocional que nos recuerda que la memoria no puede ser propiedad de nadie, porque la memoria democrática es colectiva, plural y común.

Este reconocimiento nos ha de llevar e invita también a una reflexión necesaria: las administraciones no deben apropiarse de este espacio ni de su relato, sino acompañar y proteger el trabajo de quienes lo han mantenido vivo durante décadas. Peironcely 10 nos pertenece a todos y todas. Es la voz de quienes resistieron, de quienes soñaron con un futuro mejor y de quienes hoy seguimos creyendo que recordar es la forma más digna de construir paz.