El bombardeo de Peironcely 6 y 8

El destrozo de 20 hogares obreros

La actual plaza del Fotógrafo Robert Capa ocupa el vacío donde estuvieron los números 6 y 8 de la calle de Peironcely. Aquí, en 1923, el promotor José Florencio Pozueco de la Cruz parceló una pieza de suelo y levantó una serie de seis casas económicas, alineadas a la vía y pensadas para familias trabajadoras. Eran viviendas con bajo y principal, con dos cuartos por planta, fachadas enlucidas y cubiertas de teja a dos aguas. Las imágenes históricas y los restos visibles muestran soluciones sencillas: muros portantes de fábrica, pilares y esquinas de ladrillo, forjados con vigas metálicas y balcones de hierro forjado. A cada casa le correspondía un frente corto y un fondo también reducido, que permitían un trazado seriado y homogéneo a lo largo de la calle.

La promoción se financió con préstamos del Banco Hipotecario de España y atravesó problemas antes de la guerra: en la primavera de 1936, pocos meses antes de los bombardeos, las fincas salieron a subasta judicial. Aun así, el conjunto estaba habitado. Allí, según la documentación del padrón de 1935, vivían 24 familias, que agrupaban a 83 personas repartidas en 20 hogares (10 en cada portal). La media era de 4,1 miembros por vivienda, con casos de familias numerosas de hasta 8 personas; un vecindario denso, típico de la periferia obrera de Madrid.

La pirámide de edad de este conjunto de vecinos revela un barrio muy joven: al menos 35 menores de 15 años (≥42% del total registrado) y media de 13 años. La alfabetización muestra una realidad desigual: el 58% sabía leer y escribir y el 42% no, un indicador elocuente de las brechas educativas en la España de entreguerras.

Las ocupaciones confirman la condición trabajadora del conjunto. Predominan los jornaleros y obreros de la construcción (19 personas con oficio manual), aparece un ferroviario y un pequeño comercio de comestibles, y 12 escolares figuran ya como tal. Muchas mujeres constan en el padrón como “sus labores” (25 registros). También aparecen aprendices, señal de trayectorias laborales que arrancaban muy pronto.

El origen geográfico combina arraigo y migración interior. La mayoría nació en la provincia de Madrid (al menos 47 personas entre Vallecas y la capital), pero es significativa la llegada desde el sur y la meseta: Jaén (11), Ciudad Real (7), Almería (6), además de Guadalajara (4), Toledo (3), Soria (2), Valladolid (1) y Cuenca (1). Peironcely fue, así, un punto de encuentro de familias que buscaban trabajo y vivienda asequible junto a los talleres y las vías férreas.

Este tejido humano —mujeres a cargo del hogar, obreros por jornal, niños y aprendices— ocupaba unas casas modestas. Todo cambió a finales de noviembre de 1936: los bombardeos que castigaron Entrevías destriparon cubiertas y forjados, abrieron boquetes en muros y balcones y convirtieron en ruina buena parte del conjunto. Las más de veinte familias que allí vivían lo perdieron todo y huyeron del lugar. Las trayectorias de sus vidas estallaron como fragmentos de metralla, cuyos recorridos nos ha sido imposible seguir.

Marcos de la Fuente Catalinas el 30 de enero de 1934 solicitó al Ayuntamiento de Vallecas la licencia para abrir un establecimiento de comestibles en el número 8 de la calle de Peironcely, licencia que se le otorga un mes más tarde.

Según la información recogida en El Día gráfico, publicado en la Nochebuena de 1936, en los edificios de Entrevías «perecieron casi todos sus habitantes, mujeres y niños, al caer una bomba lanzada por la aviación facciosa».

El 11 de abril de 1936, pocos meses antes de ser destruídos por los bombardeos, los edificios del 6 y 8 de la calle de Peironcely, salían a pública subasta, por segunda vez, por el Banco Hipotecario de España, que se había hecho con la propiedad de los inmuebles tras ejecutar la hipoteca que mantenía José Pozueco de la Cruz por 40.000 pesetas.

Los períódicos editados en Cataluña se hicieron eco de los destrozos causados a los edificios 6 y 8 de la calle de Peironcely, a finales del mes de diciembre, como se observa en las imágenes publicadas en las portadas de El Día Gráfico y La Rambla.

Fotografías de los edificios que conformaban los número 6 y 8 de la calle de Peironcely procedentes de la Colección de Crónicas de retaguardia, de José Latova. En ellas se aprecia la magnitud del destrozo causado por la explosión de una bomba sobre el primero de los inmuebles numerado con el 6, próximo a la Iglesia de San Carlos Borromeo, que también se vio afectada por los ataques aéreos. La foto horizontal muestra la parte trasera de los edificios, vista desde la calle de Calero Pita.

Habitar la destrucción

Tras la guerra, sobre los escombros de los números 6 y 8 de Peironcely, la familia Rivero Mancera levantó en 1952 su vivienda autoconstruida. La ficha E3112 del Comisariado de Ordenación Urbana de Madrid y sus alrededores (COUMA), fechada en septiembre de 1958, retrata en la puerta a los más pequeños de la casa. Fernando Rivero Sánchez (albañil, trabajador de la empresa Urbis), su esposa Rosario Mancera y sus ocho hijos llegaron a vivir en aquel humilde hogar —las dos menores María Pilar y Dolores no aparecen recogidas en la ficha, pues nacerían después—. La fotografía y el impreso no son neutrales: forman parte del censo de infraviviendas impulsado por la dictadura franquista para vigilar, clasificar y ordenar a la población chabolista de Madrid, cuyo crecimiento desbordó a la Administración. Este fondo documental, hoy custodiado en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, es la “prueba material” de una vida precarizada y al mismo tiempo un vestigio indispensable para reconstruirla.

El entorno inmediato de Peironcely —Miguel de la Roca, Hernández Más y Calero Pita— concentró un foco de autoconstrucción sostenida. A partir de las fichas COUMA (1958–1961) el recuento ofrece una imagen nítida: 420 personas registradas en 85 hogares (21 en 1958 y 64 en 1961). La población era muy joven (mediana 18,5 años): 44% menores de 15 y 15% menores de cinco; un 7% tenía 60 o más. La estructura laboral confirma la condición obrera: predominan peones y albañiles, y entre las mujeres abundan asistentas y “sus labores”. Aparecen también jornaleros, zapateros, un electricista o un conductor.

La ficha de los Rivero Mancera es representativa: una familia procedente de Badajoz que rehizo su hogar sobre las ruinas de la guerra, y encarnó la economía moral del barrio: redes de apoyo, infancia abundante y trabajos por jornal.

Estas piezas —fichas y fotografías— devuelven nombres, edades y oficios a quienes habitaron los solares de Peironcely. Hacen visible un tiempo en que el control de la dictadura convivía con la resistencia cotidiana de las familias que, como los Rivero Mancera, hicieron habitable el vacío de la destrucción.

Reproducción de la ficha de la familia Rivero Mancera, conservada en el Archivo del Comisariado de Ordenación Urbana de Madrid y sus alrededores, del ARCM.
Signatura: 137142,2, nº de ficha 3112.

Los hermanos Rivero Mancera —Francisco, José Fernando y Manuel—, retratados para la ficha de la COUMA ante la puerta de su hogar, construido sobre las ruinas del número 6 de la calle de Peironcely.